Si pudiera parar el tiempo y modificar algo, quizá te borraría de mi vida, quizá pudiera olvidar los besos que no nos dimos y las conversaciones que no tuvimos. Quizá podría mirar a tus ojos sin quedarme atrapadas en ellos, quizá no tuviera ganas de dormir y no despertar, porque al fin y al cabo, no fuimos nada y eso es lo que más me duele.
Y ahora me hayo sola, en mitad de la nada, rodeada de gente que no esperaba, a la que realmente no le importo. Nunca quise quererte, creéme, más de una vez deseé no haberte conocido, pero a las malas has sido el error más bonito de mi vida, me diste esperanza, me subiste más alto de lo que jamás pensé que podría llegar, que sí, que luego me soltaste y caí lo más bajo que jamás había estado, pero eso no quita esos escasos momentos de gloria, fuiste mi todo y me convertiste en nada.
Bendita droga, que mala es ¿verdad? Sin importar de qué se trata, yo intento drogarme cada día con tu recuerdo, pero a la larga el efecto se pasa y después viene el resacón y, joder, como dueles, es como si me clavaran mil puñales pero ninguno consiguiera acabar conmigo, la próxima vez, apunta bien, cariño. Me heriste sin saberlo, pero cada una de tus palabras me hería más que la anterior, y así estoy, me has dejado bien jodida, y debería decir que eres un cabrón, pero no puedo, no puedo porque a pesar de todo, sé que te sigo queriendo, en algún rincón de mi corazón.
Eres como una gota de agua en el desierto, esperanzadora pero delirante, eres como el rayo en la tormenta, hermoso, pero cuando llegas a tierra, todo lo que haces es destruir. Si pudiera decirte tan sólo una cosa ahora, sería que, ojalá cuando encuentres a esa persona que te rompe los esquemas, así como tú rompistes los míos, no te haga pasar lo que pasé yo por ti, porque creo que queda una espina clavada en mi piel.
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