Me acerco al espejo día tras día temiendo lo que veré reflejado, mis inexpertas palabras jamás podrán plasmar la mitad del asco que siento cada vez que miro en él, las lágrimas van cayendo y mi autoestima va con ellas. Trato de lavarme la cara lo mejor que puedo, con la respiración entrecortada y las manos temblando, no quiero salir fuera, nunca quiero, pero después anhelo el aire, desearía estar en un bosque, huir de la ciudad, huir de la gente. Completamente sola. Yo y los árboles, la hierba, los animalillos correteando, me dejaría caer y miraría al cielo, clamando un poco de paz para mi torturada alma, implorando a la muerte que me acompañe, rogando un poco de misericordia, extendería mis brazos hacia al cielo y gritaría con todas mis fuerzas. Me levantaría y huiría de algo que no existe, corriendo por los recovecos más perdidos de la naturaleza, buscando la salida a un laberinto imaginari...
Hago como que escribo pero en realidad sólo estoy hecha un lío.