Me acerco al espejo día tras día temiendo lo que veré reflejado, mis inexpertas palabras jamás podrán plasmar la mitad del asco que siento cada vez que miro en él, las lágrimas van cayendo y mi autoestima va con ellas. Trato de lavarme la cara lo mejor que puedo, con la respiración entrecortada y las manos temblando, no quiero salir fuera, nunca quiero, pero después anhelo el aire, desearía estar en un bosque, huir de la ciudad, huir de la gente. Completamente sola. Yo y los árboles, la hierba, los animalillos correteando, me dejaría caer y miraría al cielo, clamando un poco de paz para mi torturada alma, implorando a la muerte que me acompañe, rogando un poco de misericordia, extendería mis brazos hacia al cielo y gritaría con todas mis fuerzas. Me levantaría y huiría de algo que no existe, corriendo por los recovecos más perdidos de la naturaleza, buscando la salida a un laberinto imaginario, ¿Como saber qué es real en un mundo de mentiras? Miraría mi reflejo en un lago, aparecido de la nada y no vería nada más que una sombra negra porque en realidad nada es lo que parece y me lanzaría contra ella, pensando que es una broma pesada, en el tacto de la fría agua descubriría las respuestas a preguntas que nunca había planteado y comprendería cosas incomprensibles, y es que en un lugar dónde todo es posible, podrías ser algo que no imaginas siquiera que existe.
Me he dado cuenta de que estaba muy equivocada. Me porté muy mal y, por idiota, te he perdido, una vez más, no supe quererte, te merecías que te bajaran la luna y yo sólo te bajé al infierno. Sabes que siempre he sido demasiado despegada, que lo romántico me desagrada, que soy borde, distante, me enfado sin motivo en un segundo y al siguiente te digo que te quiero. No tenía sentido. Tú decías que era lo mejor que te había pasado, que estarías siempre ahí, pero una vez más, las promesas se rompen, las palabras quedan en el aire y yo me quedo hundida en esta mierda de la que no consigo salir. Lo siento. No supe quererte como te merecías, eras demasiado bueno para mi, me agobiaban tus halagos, no me compendrías cuando te decía lo mal que me sentía conmigo misma. Si algo he de reprocharte, sería que no fuiste sincero, no me dijiste lo que pensabas realmente, no me dijiste que no nos veías futuro, me emocionaste, te intentaste convencer de que aún me querías cuando probablemente estabas ...
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