Ir al contenido principal

A mi mentor.

A Juanfran:
Es curioso como puede ser de cruel la vida, cada día que te veíamos, lo primero que oíamos era tu famoso "¡Hola, hola!" y hoy te escribo para decir adiós.
Aún no asumo que no te voy a volver a ver, que ya nunca podré enseñarte la -muy- buena nota que pienso sacar en selectividad, que no me vas a hablar más de Nietzsche, ni de feminismo, la que te di con el feminismo este año...
No me creo que te hayas ido, tú, el que un día se fue de clase porque no le hacíamos caso, el que lleva tatuado "el paraíso está aquí abajo" (o eso te hicieron creer), el que cuando nos veía desanimados, decía con humor que podíamos haber elegido susto pero hemos escogido bachillerato.
Pero te has ido, y lo has hecho como lo que eres, un maestro, enseñándonos que los sabios también se equivocan y es que no se ha oído ni un suspiro de alivio por no tenerte en clase hoy, ni han sido dos las lágrimas que se han derramado, sino las de un instituto que hoy ha perdido una parte de su alma.
Gracias por todo, y, ya sabes, aquí abajo no hay dolor, así que toca seguir adelante, pero no sin ti, porque mientras uno sólo de tus alumnos siga con vida, estarás aquí.
Esperemos que hayas vivido como Nietzsche decía, que Platón tuviera razón y que tú, en el mundo del lenguaje, sigas siendo, sin deber ser.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Te amé, como ama la llama al infierno.

Me he dado cuenta de que estaba muy equivocada. Me porté muy mal y, por idiota, te he perdido, una vez más, no supe quererte, te merecías que te bajaran la luna y yo sólo te bajé al infierno. Sabes que siempre he sido demasiado despegada, que lo romántico me desagrada, que soy borde, distante, me enfado sin motivo en un segundo y al siguiente te digo que te quiero. No tenía sentido. Tú decías que era lo mejor que te había pasado, que estarías siempre ahí, pero una vez más, las promesas se rompen, las palabras quedan en el aire y yo me quedo hundida en esta mierda de la que no consigo salir. Lo siento. No supe quererte como te merecías, eras demasiado bueno para mi, me agobiaban tus halagos, no me compendrías cuando te decía lo mal que me sentía conmigo misma. Si algo he de reprocharte, sería que no fuiste sincero, no me dijiste lo que pensabas realmente, no me dijiste que no nos veías futuro, me emocionaste, te intentaste convencer de que aún me querías cuando probablemente estabas ...

Vueltas.

 Me enamoré de un demonio vestido con vaqueros rotos, de ojos canela y cabellos oscuros, me hacía enloquecer, terminé bailando sola en mi habitación una música inexistente imaginando su caminar, una vuelta, el movimiento de sus labios al sonreír, dos, el timbre de su voz al jurar que me amaba, tres, sus manos rozando mis caderas, descanso, una gota había decidido que mis oscuros ojos no podían ser más su hogar y partía, resbalando por mi cara, aterrizando en el suelo,y yo comenzaba de nuevo, una vuelta, sus engaños, dos, sus golpes, tres, sus insultos, ya no había descansos, cuatro, tus ojos chispeantes al decir que me marchaba, cinco, seis, mis pies descalzos comenzaban a arder, siete, ocho, golpes en mi puerta que no quería oír, nueve, diez, la policía me quiere ver, once, doce, sólo me quieren proteger, trece, catorce, llegan tarde, quince, dieciséis, la puerta en el suelo, diecisiete, dieciocho, cruzo mi mirada con aquél que jamás me logrará ver, diecinueve, veinte, atisbo mi ...

Siempre.

Querido amigo: Si estás leyendo esto es porque has conseguido lo que querías, lo que yo tanto miedo tenía de darte y joder, tanto deseaba entregarte. Te quiero. No sabía cómo decírtelo, te quiero de una manera especial, no estoy locamente enamorada de ti. Siempre estás en mi mente, sí, pero en las sombras, acechándome, esperando cualquier oportunidad para aparecer de nuevo, volviéndome loca, haciendo que cada parte de mi ser desee tenerte, desee besarte, tocarte y sentir por fin que eres real. Y es que aún recuerdo la primera vez que tuvimos contacto físico, te saludé, estabas apoyado contra un radiador, hacía mucho frío. Yo iba con un jersey verde y una coleta despeinada, era todo un desastre, no sabía donde meterme. Te inclinaste y me diste dos besos, me sentí enana a tu lado, tan poca cosa, olías muy bien y me quedé embobada, estaba nerviosa, como de costumbre no podía parar quieta. Me habías prometido algo por ayudarte, ya no recuerdo con qué, pero sí recuerdo tus palabras, fu...