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Perdóname, pero no vuelvas nunca.

Es en ese momento en el que te das cuenta de que no todo está perdido, que tu felicidad, ya no depende de otros, que tus problemas no son tan grandes, que tienes grandes sueños por los que luchar, joder. 
Necesitaba un pequeño soplo de esperanza, y llegaste tú, con tus mentiras y tus cuentos, te amé como pude, sin saber exactamente que hacía, sin saber a dónde quería llegar, viajaba en una montaña rusa de emociones, de pronto te quería, de pronto no estaba segura de nada. 
Me dijiste que nunca te irías, que mi mierda era tu mierda y todas esas tonterías, pero a la hora de la verdad, querías lo que no tenías, no te podía dar mi confianza, porque yo de eso no tengo, no te podía dar mi amor si no me amo a mi misma, y es que cómo oí una vez, las personas que no se quieren a sí mismas, no saben querer a otras, yo no lo creo así, creo que saben querer, pero lo hacen con el alma, y eso tú, no lo entiendes, es una tontería tratar de explicarte lo que siento, porque sé que ya no te importa. 
Te fuiste cuando más te necesitaba, y yo te quiero, quería que lloraras conmigo, que me sacaras del infierno, pero te terminé arrastrando conmigo. Es duro saber que te marchaste como dijiste que nunca lo harías, sin luchar, decías que luchabas por lo que querías pero no luchaste por mi, lo cual lo deja todo muy claro. 
Siempre andabas de inseguro, siempre andabas diciendo que si no quería estar contigo te lo dijera, pero nunca trataste de comprenderme, y eso ha sido lo que mató esto. Bueno, quizá también tenga que ver el hecho de que creiste que te fui infiel cuándo eras el único dueño de mis besos, el único en mis pensamientos, el único en todo, y aún así, no me creías, aunque es cierto que sí te engañé, porque es cierto que jamás te amé como querías que te amara. Así que, perdóname, pero no vuelvas nunca.

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